En las periferias, el espacio ha sido producido históricamente bajo una lógica de máxima ocupación del suelo, donde la vivienda y el comercio han reducido las oportunidades para la permanencia, el encuentro y la apropiación colectiva. Frente a esta condición, Cotidiano propone una reflexión inspirada en Henri Lefebvre: si el espacio es una producción social, la arquitectura no debe limitarse a imponer programas, sino ofrecer las condiciones para que la vida cotidiana pueda producir nuevos significados.
El proyecto recupera el vacío como su principal herramienta arquitectónica. Más que definir todos los usos, construye una infraestructura abierta capaz de adaptarse, transformarse y ser apropiada por la comunidad a lo largo del tiempo. A partir del caso de una panadería artesanal en Ciudad Nezahualcóyotl, la propuesta explora cómo un actor económico local puede convertirse en un catalizador de relaciones sociales, demostrando que el verdadero valor de la arquitectura no reside únicamente en la forma construida, sino en las posibilidades de encuentro, permanencia y cambio que es capaz de generar.